Máquinas que miran como una persona
Buscamos instintivamente el centro, visualmente hablando. Cuando una persona no tiene que realizar una tarea específica (conducir, cocinar, leer…), tiende a posar la vista durante un breve instante en el centro de la escena que tiene ante sí, por más que este espacio esté vacío de contenido. Son apenas unos segundos, porque inmediatamente actúa con el mismo patrón visual que cuando tiene un objetivo; con un sesgo: nuestros ojos captan los objetos salientes, aquellos que resaltan al margen de donde estén situados en la escena. El resto, lo que no es útil para nuestra tarea, no es más que ruido visual, «información irrelevante para nuestro cerebro que por tal motivo desechamos».





