Un día en la otra realidad
By Ángel Luis Sucasas Fernández
Así empieza mi sueño. Van Gogh se levanta de su asiento y se acerca a una ventana. Estamos en un café elegante, de aires parisinos, envuelto en su colorido de pinceladas salvajes. De hecho, Van Gogh no es Van Gogh, sino su autorretrato. Vivo, delante de mí. No puedo resistirme. Tengo que levantarme, acercarme a la ventana y ver lo que ve el pintor. En pocos pasos me planto a su lado, miro al frente y pierdo la cabeza. Porque frente a mí está su Noche estrellada. No un lienzo, sino una bóveda celeste tal y como él la imaginó.





