El dron que juega al ping pong llegará muy lejos
Por definición, todos los drones son ligeros en fondo y en forma a propósito. En forma, porque así surcan con más facilidad los cielos. En el fondo, porque también tienen que ahorrar en consumo de energía: su cerebro suele quedarse en tierra para, desde ahí, enviarle al aparato volador las instrucciones necesarias. El problema es que este esquema confía en que siempre haya una buena calidad de conexión entre el dron y su base. Cuando hay que enviarlo muy lejos o cuando esa conectividad falla, más vale que el aparato lleve su cerebro a bordo, aun con las pegas que eso supone: más peso, menos agilidad y mayor consumo de energía.




