Un golpe a las noticias falsas
Las posverdades -o lo que es lo mismo, las mentiras- no son patrimonio exclusivo de la era de Donald Trump y el populismo rampante. Existían mucho antes de que Facebook, Google y el propio Internet nacieran. Si pensamos que esta campaña electoral norteamericana estuvo intoxicada por la difusión de verdades a medias, basta con buscar en la hemeroteca informaciones de otoño de 2000. Medios muy respetables de Estados Unidos se vieron forzados a hacerse eco de vergonzosas anécdotas que ponían en cuestión la honorabilidad del candidato demócrata, Al Gore. Que si había dicho que él era el inventor de Internet o que si se había inventado que él y su mujer, Tipper, eran la pareja en la que se habían inspirado la novela y el filme Love Story, todo mentiras o exageraciones.





