Las multinacionales europeas apuestan por el contraespionaje español
Encapuchado, en una habitación a oscuras, iluminado exclusivamente por el brillo de la pantalla del ordenador en el que maquina sus fechorías, el hacker ha convertido esta imagen distorsionada de sí mismo en una figura cotidiana en nuestro imaginario popular. Novelas, películas y series rinden culto a un icono que podría ganar adeptos en el futuro cercano. Porque, aunque se produzcan avances en el campo de la ciberseguridad, no existe un sistema inaccesible y los ataques informáticos se siguen produciendo. No todas las empresas tienen sus defensas a punto para estar preparadas ante el próximo WannaCry ni son conscientes de lo que les puede estar acechando.





