China y América Latina deben diversificar su comercio y profundizar la cooperación y la inversión, sostiene un nuevo estudio del BID


Una década después del auge comercial entre ambas regiones, los altos costos del comercio aún siguen reduciendo las oportunidades de negocios

 

China y América Latina y el Caribe deben bajar los costos del comercio y aumentar la inversión y la cooperación para profundizar y diversificar las relaciones comerciales, señala un nuevo estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

 

El informe "Diez años después del despegue", elaborado por el Sector de Integración y Comercio del BID, indaga sobre la evolución del comercio, la inversión y la cooperación entre China y América Latina y el Caribe durante la última década. El estudio sostiene que las autoridades deben unir sus fuerzas para reducir los aranceles, los costos de transporte y otras barreras, con el propósito de diversificar la composición del comercio bilateral entre China y la región.

 

Durante la última década, el comercio entre las dos regiones se ha basado en la complementariedad absoluta en la dotación de sus recursos: China tiene una escasez de recursos naturales, mientras que América Latina y el Caribe tiene una abundancia de estos recursos. Esto ha llevado a un clásico intercambio de materias primas para la fabricación de bienes.

 

Considerando que este tipo de relación ha traído beneficios a ambas partes, en realidad sólo ha beneficiado a un puñado de sectores y a un número limitado de países de América Latina y el Caribe. Los productos mineros representan casi la mitad de las exportaciones de la región a China, seguido de los productos básicos agrícolas, con una cuota del 35 por ciento. Aproximadamente el 90 por ciento de las exportaciones de la región a China provienen de tan sólo cuatro países latinoamericanos: Brasil (41 por ciento), Chile (23,1 por ciento), Argentina (15,9 por ciento) y Perú (9,3 por ciento).

 

"Los costos del comercio son todavía lo suficientemente altos como para restringir las oportunidades comerciales en ambos lados de la relación, lo cual llama a la acción gubernamental", dijo Mauricio Mesquita Moreira, economista principal del Sector de Integración y Comercio del BID y autor del estudio. "Ambas regiones también deben fortalecer la inversión y la cooperación para allanar el camino a una mayor diversificación de las exportaciones y atenuar cualquier alteración provocada por una mayor liberalización comercial".

 

China ha encontrado en la región un mercado para sus productos manufacturados, pero gran número de países de América Latina y el Caribe, en particular aquellos que no son ricos en recursos naturales, aún siguen buscando oportunidades para ingresar en el creciente mercado chino.

 

 

"A pesar de que no existe una justificación económica para que los países procuren un intercambio comercial bilateral equilibrado, lo cierto es que estos desequilibrios considerables pueden convertirse en una fuente de tensiones comerciales y envenenar la economía política de la relación", dijo Moreira. "Esto eventualmente podría conducir a la imposición de mayores barreras entre las dos regiones en un futuro próximo".

 

El estudio sostiene que las dos regiones necesitan reducir los aranceles y los costos de transporte para poder diversificar y ampliar el comercio. A pesar de la reciente liberalización, los exportadores chinos y latinoamericanos todavía se enfrentan a aranceles aduaneros de dos dígitos —o un poco menos— en casi todos los productos, excepto en los mineros. Las tasas ad valorem de los fletes de las importaciones chinas en la región pueden ser tan altos como los mismos aranceles, según el estudio.

 

La investigación del BID también propone una reducción de las barreras no arancelarias, que también se encuentran presentes en ambos lados de la relación. China ha hecho progresos significativos en la eliminación de las barreras no arancelarias, ya que el país entró en la Organización Mundial del Comercio en 2001, pero algunas restricciones significativas aún permanecen, en particular en la agricultura, en productos básicos como el trigo, el maíz, el algodón y el azúcar.

 

Por el lado de América Latina y el Caribe, lo que antes era un entorno comercial favorable y de escasa restricción, ha perdurado en economías más pequeñas y más complementarias, como Chile, Perú y Costa Rica, que pasaron a firmar acuerdos comerciales con China. Sin embargo, este entorno ha estado mostrando claros signos de deterioro en los países más grandes, con intereses manufactureros más competitivos, como Brasil, México y Argentina. En estos casos, se ha producido un fuerte incremento en el número de investigaciones antidumping y en las barreras no arancelarias para los exportadores chinos, así como una creciente oposición a conceder a China el estatus de economía de mercado. Brasil y Argentina aún no han implementado su memorando de entendimiento con China sobre este asunto, mientras que México y Colombia aún tienen pendiente conceder dicho estatus a China, sostiene el estudio.

 

Para profundizar en la relación, el estudio sugiere que China debe procurar tener una cartera de inversiones más diversificada en término de países y sectores para reducir las tensiones y reducir al mínimo el impacto social de la gran afluencia de productos manufacturados chinos. También sugiere que las empresas latinoamericanas deben establecer negocios en China para poder abrir el mercado para sus productos y diversificar el comercio.

 

La cooperación entre las dos economías debe ampliarse y fortalecerse en los sectores que pueden tener un impacto directo en el comercio, en particular en los procedimientos aduaneros y las normas técnicas y sanitarias y fitosanitarias, lo que podría ayudar a bajar los costos comerciales y evitar las disputas costosas. A su vez, un marco institucional más sólido a favor de la cooperación, y que tenga objetivos jurídicamente vinculantes, podría acelerar el intercambio de conocimientos entre las dos regiones.

 

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